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viernes, 16 de abril de 2021 - 09:03 h

1963-1973: una década prodigiosa para la Semana Santa de Cabra

Papa Francisco en Urbi et Orbi: la Pascua da esperanza y no defrauda

Cecilio Trujillo Ruiz y el Cristo Yacente del Santo Sepulcro de Cabra

27.03.21 - Escrito por: Antonio Ramón Jiménez Montes

Este Sábado de Pasión encontramos una estampa única y diferente en la celebración de los cultos en honor a la imagen titular de la cofradía del Santo Sepulcro y vemos al Santo Cristo Yacente en el altar mayor de la Parroquia de la Asunción y Ángeles como nunca se había visto.

Ante esta perspectiva, la imagen del Yacente del Santo Entierro cobra un protagonismo que, a lo largo de los siglos, ha venido eclipsado por el brillo y suntuosidad de la espléndida urna de plata que cobija la imagen del cuerpo muerto de Cristo en el Sepulcro. No olvidemos el nombre de la cofradía y quien es es su titular: Hermandad de Nuestro Padre Jesús en su Santo Sepulcro e Imperio Romano

Nos queremos acercar a esta imagen que tiene unas connotaciones muy singulares y que destaca entre la imaginería barroca de Cabra y de Andalucía, aunque suele pasar inadvertida precisamente por estar siempre dentro del sepulcro. Una imagen de la que sabemos su autor, su procedencia, la fecha de su llegada a Cabra y el precio que costó a la Real Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santo Sepulcro cuando la encargó en el siglo XVIII. Unos datos que, por lo completo de su relato, nos sitúan ante una de las pocas imágenes de la Semana Santa de Cabra, sino la única, de la que nos consta su autoría entre la ingente producción que el Barroco andaluz creó para la Historia del Arte gracias a las cofradías, formando parte del notable elenco de la imaginería de las hermandades egabrenses.

La imagen del Santo Cristo Yacente del Sepulcro de Cabra es una de las menos conocidas de nuestra Semana Santa. En 1773 Cecilio Trujillo Ruiz, escultor granadino, discípulo directo de Torcuato Ruiz del Peral, ejecuta una obra que llega a Cabra para el Santo Sepulcro en el seno de la Real Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Como hemos señalado, hasta la fecha, estamos ante la única imagen de la Semana Santa de Cabra, anterior al siglo XX, que tenemos totalmente documentada en cuanto a autoría, coste, fecha y procedencia. También se da la circunstancia que son pocos los trabajos de su autor documentados, con lo que estaríamos ante una de las obras incuestionables del granadino Cecilio Trujillo Ruiz.

El nuevo Cristo yacente del Santo Sepulcro de Cabra sustituyó a la imagen del Cristo del Calvario, que era articulada y con la que, desde 1586-87 se venía haciendo la ceremonia del Descendimiento y entierro de Cristo. Antes del Cristo del Calvario el Descendimiento se hacía con el crucificado de antigua hermandad de Santa Lucía, la actual imagen y cofradía del Cristo del Socorro, que también era articulada. El antiguo sepulcro era un armazón de madera del año 1668 que cuando se hace el nuevo queda en el Calvario y actualmente se conserva en la iglesia de la Soledad, parroquia de los Remedios.

En el año 1762 se hace el nuevo Sepulcro que era algo menor que el anterior de ahí que se encargue un nuevo Yacente que llega a Cabra en el año 1773. Según Antonio Moreno « la razón del encargo de un nuevo Cristo Yacente está en que, al hacerse la nueva urna de plata, la imagen anterior no encajaba bien en el Sepulcro». El precio que se pagó por esta obra fue de 1.751 reales incluyendo portes. La imagen del Yacente salió de Granada el 30 de marzo de 1773 fecha en que firmó el recibo el escultor. Para que nos hagamos una idea del coste del Yacente podemos compararlo con el que, 13 años más tarde, cuando en 1786 se realiza la nueva imagen de la Virgen de los Remedios, se pagan 667 reales con 29 maravedíes de vellón incluyendo el transporte.

El Santo Cristo Yacente que hace Trujillo para Cabra tiene una peculiaridad al estar realizado en pasta de madera, una técnica conocida como «imaginería ligera», a la que Salvador Guzmán se refiere como «un tipo singular de obras de imaginería que, siendo concebidas especialmente para uso procesional, tienen como característica diferenciadora que sus artífices buscaron como uno de sus principales objetivos el aliviarles el peso de su carga» . Afirma Guzmán que estamos ante uno de los «magníficos ejemplares de escultura pasionista realizados en esta técnica».

En el panorama artístico del último tercio del siglo XVIII en Granada, hay una serie de artistas que se mantienen fieles a la estética tardo-barroca que habían desarrollado los grandes maestros, ya desaparecidos. En cuanto a preferencia estética, como señala Ignacio Nicolás López Muñoz, «en Granada radicará en el concepto, sabiamente armonizado por un arte no exento de naturalismo barroco».

Descollaba entre ellos Torcuato Ruiz del Peral cuyo discípulo más directo es Cecilio Trujillo que «ayudó al imaginero de Exfiliana en sus últimas obras, aquéllas en que las fuerzas le faltaban, manteniendo viva la forma de trabajar y el estilo de éste» algo que se aprecia en la figura del Cristo Yacente del Sepulcro de Cabra. Trujillo mantenía la tradición de maestros y discípulos, en una etapa de la formación de artistas en talleres predominante en el Arte Barroco de su Granada natal. Un sistema de enseñanza que se irá perdiendo en el último tercio del siglo XVIII a partir de la creación de la Academia de Bellas Artes de Granada en 1777, en la que se irán formando las nuevas generaciones de artistas y que Trujillo no conocerá pues fallece ese mismo año.

Los trabajos que Cecilio Trujillo realiza para Guadix en la década de los setenta del siglo XVIII permiten calificarlo como escultor reconocido. Así lo afirma Gallego Burín, de la información que recoge en las actas capitulares de la catedral accitana, que aluden a la presencia de Trujillo en Guadix en el año 1772. La imagen de san Matías es una de sus obras y se le encargó que terminara las que había dejado inacabadas su maestro (San Pedro Nolasco, San Juan Nepomuceno y San Pedro González Telmo) y cinco restantes que no había entregado Ruiz del Peral. Sin embargo, Trujillo no pudo concluirlas porque falleció hacia el año de 1777 dejando sin terminar la de San Pedro González y la de San Cayetano, que fueron terminadas por otro de los discípulos de Peral, Felipe González. Pero como señala Ana Gómez Román, de la Universidad de Granada «Trujillo fue quien mejor asimiló la influencia, estética y proceso artístico de la obra de Peral».

Isaac Ruiz Palomino señala que "el panorama escultórico de la Granada de finales del siglo XVIII es seguidor y deudor de la escuela granadina del Barroco; la estela de la saga de los Mora, en especial del gran José, la perseverancia del estilo a través de José Risueño, Vera Moreno y Torcuato Ruiz del Peral y sus seguidores" . Los nombres de Felipe González, Cecilio Trujillo o Verdiguier figuran entre los autores.

Estamos pues, en el caso de esta imagen del Cristo Yacente del Sepulcro, ante una escultura de la imaginería procesional que continúa los modelos del Barroco granadino en una de las últimas generaciones de artistas que lo plasman en sus obras, como es el caso de Trujillo. La acreditada realización por parte de Cecilio Trujillo no ofrece duda alguna. Hay también que descartar la posible intervención de Ruiz del Peral en la hechura de la imagen del Cristo, puesto que muere el 5 de julio de 1773 y prácticamente desde 1771 había dejado de trabajar, siendo Cecilio Trujillo quien mantiene el taller y continúa con los trabajos.

Cecilio Trujillo era discípulo de Torcuato Ruíz del Peral (detentó el taller de Peral desde que murió en 1773 hasta su propio óbito cuatro años después) y como él, miembro del grupo de artistas del siglo XVIII fieles a la estética tardo-barroca. Unos esquemas que, como ha señalado Ana María Gómez Román, siguen los parámetros artísticos planteados por Alonso Cano, con la estética que consolidará Pedro de Mena y que también seguirán los Mora.

«Los cofrades necesitan retratos de Cristo y de María que, al menos, sean verosímiles y muevan a devoción, que tengan visos de realidad en los trances dolorosos de la Pasión, pero que no sobrepasen lo que establece el decoro ya que, por real, una imagen puede producir rechazo" apunta Juan Manuel Valverde hablando de la imaginería cofrade de nuestra ciudad.

Y nos aporta esta descripción del Santo Cristo Yacente del Sepulcro de Cabra: «La efigie de tamaño menor que el natural, presenta al Señor en posición relajada, con los brazos recogidos y las manos sobre la pelvis, girándose la cabeza suavemente sobre el hombro izquierdo. Se aprecian aquí precisamente los rasgos típicos de articulado de cejas, nariz prominente y boca característica, reproducidos por Cecilio Trujillo y de manera algo adocenada, pero no falta de gracia. La materia en la que está realizada la imagen no ha procurado una buena conservación y presenta algunos repintes y erosiones» . Entre sus singularidades destaca que tiene los brazos sobre el perizoma, y no a los lados del cuerpo como suele ser habitual en las imágenes de Cristo Yacente, lo que nos sitúa ante la posibilidad de que su autor reflejara cómo solían disponerse los cuerpos a la hora de enterrarlos en esa época de finales del siglo XVIII.

No cabe duda que el Sepulcro es una pieza única en su tipología, una obra de orfebrería y platería cordobesa de primer nivel y de las más importantes en su género que, representando la urna sepulcral del entierro de Cristo, se conforma al modo de las custodias eucarísticas con inspiraciones muy centradas en los modelos de mausoleos y monumentos funerarios. Tradicionalmente atribuida de manera íntegra al orfebre afincado en Cabra Bernabé de Oviedo, si bien Moreno Hurtado plantea que la tapa del Sepulcro podría estar terminada por el platero lucentino Matías Llorente. Precisamente la importancia del Sepulcro de Cabra como pieza destacada de la platería cordobesa ha hecho que no le prestemos atención a la imagen que alberga.

La hermandad del Nazareno y Santo Entierro fue una sola hasta el año 1966 en que se separan. En su historia material, habían tenido su sede canónica en la de la Archicofradía que era su capilla de la Iglesia conventual de San Martín, de las Madres Dominicas. Con la exclaustración de las dominicas, en 1836 y la ruina material del antiguo templo y convento de la actual plaza de España, la Archicofradía del Nazareno busca una ubicación definitiva que le llevará en 1883 a San Juan de Dios, convento y hospital también desamortizado, aunque la urna y el Santo Cristo Yacente del Sepulcro quedaría en la casa del hermano mayor.
Una urna de plata que no ha estado exenta de discusiones por la propiedad de tan singular joya entre la iglesia y el pueblo que fue costeada con aportaciones populares y que, tradicionalmente, se guardaba en un lugar distinto al templo por estas reivindicaciones, cuyo relato recogen varios trabajos ya publicados. Desde 1983 se custodia en la parroquia de la Asunción y Ángeles de Cabra. No sabemos que nos deparará el futuro en el que incluso podríamos volver a ver de nuevo como una sola a las cofradías actuales del Nazareno y Santo Sepulcro. Incluso en la Semana Santa de 2021 podría volver a verse en San Juan de Dios una estampa única con las imágenes del Nazareno, de la Virgen de los Dolores y del Santo Sepulcro conformando una estampa que recordaría sus orígenes comunes.

Este año, además, se cumplen 400 desde la primera vez que el Ayuntamiento de nuestra ciudad participa de manera oficial en la procesión del Santo Entierro. Así consta en un acta de 1621, siendo corregidor don Juan de Vivero, de la tercera sesión del mes de marzo de ese año que dice así: "En este cabildo se acordó que el Viernes Santo el cabildo acompañe a la procesión y Entierro de Cristo con cera y se somete al procurador mayor del Concejo" como recoge Antonio Moreno Hurtado.

Y desde entonces, la historia ha mantenido como "oficial", la procesión del Santo Entierro, con participación de autoridades civiles y religiosas. Una tradición que se consolidó con la normativa que, en los siglos posteriores se impondrá en la monarquía hispánica o con un decidido impulso de los obispos cordobeses. Sirvan como ejemplos el decreto de Carlos III de 1784, que intenta suprimir las cofradías excepto al del Santo Entierro; la resolución de Carlos IV en 1805, en el mismo sentido: o el decreto del Obispo Trevilla que publica el Consejo de Castilla en 1820 regulando las procesiones en la diócesis de Córdoba y estableciendo que quedaran reducidas a una sola en la noche del Viernes Santo en la que solo debían mantenerse los pasos de la Oración en el Huerto, Amarrado a la Columna, Nazareno, Crucificado, Santo Sepulcro y Soledad.


BIBLIOGRAFÍA

Gómez Román, A. (2007). "El escultor José Álvarez Cubero y su formación en la Escuela de Dibujo de Granada" en Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada.
Guzmán Moral, S. (2017) "Aproximación a la imaginería ligera" en La Opinión de Cabra, 06-04-17
Jiménez Montes, A.R. (2020) "¿Quién realizó la imagen de Nuestra Señora de los Remedios para la Vera Cruz de Cabra?" en La Opinión cofrade, 20-04-2020
Jiménez Montes, A.R. (2016) "Parecidos razonables: el Sepulcro de Cabra y el Mausoleo de Halicarnaso" en La Opinión Cofrade, 02-11-2016
López-Muñoz, I.N. (2008) Torcuato Ruiz del Peral. Escultor imaginero de Exfililiana.
Moreno Hurtado, A. (1986) Historia de la Real Archicofradía de Ntro. P. Jesús Nazareno. Cabra 1586-1996, separata de La Opinión
Pérez Moral, L. (2006) Real Archicofradía de Ntro. P. Jesús en el Santo Sepulcro e Impero Romano, en Cuadernos Egabrenses núm. 25
Valverde Bellido, J.M. (2002) "Las artes plásticas en la Semana Santa de Cabra" en Cabra Cofrade, ps- 81-175


enlaces de interés

http://www.laopinioncofrade.com/ampliar....
Aproximación a la "imaginería ligera"

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Parecidos razonables: el Sepulcro de Cabra y el Mausoleo de Halicarnaso

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