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Presentación de Antonio Mora López, pregonero de San Rodrigo 2026
16.03.26 - Escrito por: Rosa Lopera Muñoz
"Hay personas que no necesitan alzar la voz para ser escuchadas.
Personas que, sin buscar protagonismo, terminan siendo referencia.
Personas que, sin saberlo, encarnan valores que llevan siglos formando parte de nuestra historia"
Rvdo.Sr.D. Emiliano Nguema Nguema, consiliario de la hermandad
Ilustrísimo Señor Alcalde Don Fernando Priego Chacón y miembros de la corporación municipal, resto de autoridades civiles y eclesiásticas
Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad de San Rodrigo Mártir
Querido pregonero
Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real Archicofradía de María Santísima de la Sierra
Presidente y Junta de Gobierno de la Agrupación General de Hermandades y Cofradías
Hermanos Mayores de Pasión y Gloria y miembros de sus respectivas juntas de gobierno
Anteriores pregoneros, cofrades, medios de comunicación, familiares y amigos:
Hablar de Antonio es hablar de valores que permanecen, de valores únicos, de valores que siguen teniendo sentido hoy. De una forma de estar en el mundo que no necesita grandes gestos para dejar huella. Y quizás, por eso, cuando uno mira la vida de San Rodrigo, descubre que su ejemplo no solo pertenece al pasado, sino que sigue latiendo en personas concretas, de carne y hueso, aquí y ahora.
San Rodrigo fue un hombre sencillo, profundamente humano, que entendió su fe y su compromiso como una manera de estar al lado de los demás. No fue un hombre de grandes discursos, sino de decisiones firmes. De las que se toman cuando nadie mira. De las que sostienen a otros cuando más lo necesitan...¿Os recuerda a alguien? Pues sí, es esa manera de vivir, tan callada como valiente, la que hace fácil encontrar paralelismos con nuestro pregonero.
Hijo, padre, marido, hermano y tito. Así se construye la esencia de esa maravillosa familia que Antonio ha sabido formar y cuidar . Una familia unida, sostenida por el respeto, el cariño y el amor mutuo, donde cada uno es refugio y apoyo para el otro. Una familia que, además, es ejemplo para todos nosotros. Porque, a pesar de que en ocasiones la vida golpee con dureza, han sabido mantenerse unidos y demostrando una enorme fortaleza. Y es precisamente esa unión, ese amor y esa manera de caminar juntos lo que los convierte en una familia verdaderamente admirable.
Y junto a la familia que nace de sangre, está también la familia que se elige, esa que la vida va colocando en el camino y que acaba siendo igual de necesaria. Personas que no comparten apellido, pero si corazón, vivencias y lealtad. En esa familia elegida, Antonio es amigo de sus amigos, de los que saben estar sin ruido y quedarse sin condiciones. Lleva el letrero de la amistad con naturalidad y orgullo, cuidándonos con hechos, presencia y verdad. Porque su manera de querer hace que los que tenemos la suerte de caminar junto a él nunca nos sintamos solos, demostrando que la amistad, cuando se vive así, también es una forma de familia.
¿Una pasión? Su trabajo. Él adora su jornada laboral porque nace de una vocación profunda: la de mirar a las personas más allá de lo que otros ven. Disfruta de su día a día porque cree en ellos. Los entiende, los acompaña y los hace sentir valiosos. Tiene la rara virtud de encontrar en cada persona un motivo para ilusionarse, una chispa que merece ser cuidada. Y lo hace sin prisas, sin juicios, sin superioridad...desde la humanidad más sincera.
Y es que así es él. Antonio siempre está. Está para escuchar, para tender la mano, para sostener cuando hace falta, además por convicción no por obligación, entendiendo que ayudar no es un acto puntual, sino una forma de vida. Él arrima su hombro como si se tratase de un costalero. Y si, él es mi costalero de corazón, un costalero de la vida, un costalero que por problemas de su espalda nunca ha podido sentir en su hombro cuando la carga se deja caer en la cuesta de las promesas o en el silencio roto de una chicotá pero, aún así, conoce mejor que nadie lo que significa cargar de verdad. Él tiene el don de mirar a su alrededor y sentir como propias las dificultades de los demás. Empatiza con las situaciones arrimando el hombro y sosteniendo aquello que pesa en la vida de quienes lo rodean.
San Rodrigo fue un hombre de su tierra y Antonio lo es profundamente. Ama a Cabra, la vive, la siente y defiende sus tradiciones, su gente y sus costumbres.
Mientras Cabra despierta y sus vecinos comienzan a llenar de vida sus calles, él regala a los egabrenses unos buenos días que se repite como una oración sencilla: Salud de los enfermos con una imagen de nuestra patrona. No es una costumbre cualquiera, es casi un campanario digital que anuncia la mañana, un gesto que une generaciones y corazones desde hace años, sin faltar ni un solo día. Porque para él, su Virgen de la Sierra es ese rayo de luz que cada mañana le recuerda de dónde viene y hacia dónde camina.
Y cuando su fe se echa a andar, lo hace también buscando las marismas del Rocío. Allí entre arenas y promesas, su devoción se vuelve camino y su oración hecha sevillana, que se eleva al cielo como un canto sencillo nacido del corazón.
Entre la Sierra que lo vio crecer y la Blanca Paloma que lo espera cada año, él vive su fe como se vive el amor verdadero: con constancia, con alegría y con entrega. Así su corazón se reparte sin dividirse.
Y, como si de una mañana de Domingo de Ramos se tratase, él, bajo su capirote, vive su particular estación de penitencia con la misma ilusión y emoción que se respira en la noche mágica de Reyes, cuando cada gesto se siente único y cada momento se transforma en recuerdo inolvidable.
Pero si hay un lugar donde todos estos valores de nuestro protagonista cobran sentido, toman cuerpo y se vuelven verdad, es en el testero de Termens, bajo la mirada del Cristo de la Expiración, su Cristo. Allí, ha ido creando una forma de entender la vida que no excluye, sino que abraza. Y él lo sigue y se hace presente. Porque su Cristo acoge lo pequeño, lo simple, lo débil...Su Cristo acoge a esos niños y niñas con capacidades extraordinarias y miradas distintas, que leen el mundo de otra manera y que, sin saberlo, nos enseñan cada día a mirar mejor y nos enseñan lecciones de paciencia, ternura y verdad. En definitiva, nos hacen ser mejores personas sin proponérselo. Y Antonio lo sigue y se hace presente. Desde este lugar, él ha aprendido que servir no empobrece, que dar nunca resta...porque aunque haya mucho trabajo y duro la recompensa siempre ha sido mayor: la satisfacción honda de saber que se recibe mucho más de lo que se da.
Por eso hoy, cuando su voz se eleve para hablarnos de nuestro patrón, no lo hará solo como pregonero. Lo hará como testimonio, como ejemplo silencioso de que los valores de San Rodrigo, siguen teniendo nombre y rostro. Y no había mejor persona que alguien que, sin buscarlo, camina tan cerca de su espíritu.
Con orgullo, con emoción y con el corazón lleno, dejo la palabra a Don Antonio Mora López como pregonero de San Rodrigo Mártir del año 2026. Tuya es la voz, tuya la historia...y nuestro privilegio, escucharte y acompañarte.
¡Amigo, el atril es tuyo!
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