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miércoles, 22 de mayo de 2024 - 16:10 h

Pregón a San Rodrigo, mártir

Asunción y Ángeles y Demonios (IV-V)

Pregón a San Rodrigo, mártir

11.03.24 - Escrito por: Alejandro García Rosal

El pasado 8 de marzo tenía lugar en la Iglesia de San Juan de Dios, el pregón en honor de San Rodrigo, mártir, patrón de Cabra, pronunciado por Alejandro García Rosal que fue presentado por Jesús Castro Casas. Os dejamos el texto del pregón íntegro:

A ti, Rodrigo

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh, Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos has dado.



Reverendos párrocos,
Dignísimas autoridades.
Hermano mayor y Junta de Gobierno de la Cofradía de San Rodrigo Mártir Costaleros de la Virgen de la Sierra,
Hermano mayor y junta de Gobierno de la Real Archicofradía de María Santísima de la Sierra.
Hermandades filiales
Presidente de la Agrupación General de Hermandades y Cofradías de Cabra.
Hermanos mayores y miembros de sus respectivas juntas de gobierno.
Amigos,
Familia
Costaleros y costaleras.
Gracias Jesús por tus cariñosas palabras.
Desde el primer momento tuve claro que quería que fueras tú mi presentador y desde el primer día sé el trabajo que te ha costado subir a este atril en la noche de hoy.
Por eso estas palabras que me acabas de dedicar valen el doble.
Gracias amigo.

Me van ustedes a permitir una licencia. Un capricho, más bien.
Me gustaría hacer algo parecido a una presentación de mi presentador de esta noche.
Para quién no tenga la fortuna de conocerlo, Jesús es un buen amigo. Un cofrade callado, crítico, templado, prudente, sin ningún ánimo de protagonismo y coherente.
Sobre todo, muy coherente.
Escucha, aconseja, habla lo justo, pero siempre acertado.
Es tradicional, poco amigo de los riesgos y de los inventos. Amante por tanto de las tradiciones de su pueblo y de procurar que su querida Semana Santa siga siendo eso, Semana Santa, y no otra cosa.
La gran Semana Santa que él conoció, donde en el horno de Zoilo y con la sencilla compañía de un puñado de gajorros, pestiños y magdalenas, y un poquito de aguardiente para templar el frio de la madrugada, su padre Manuel sellaba el contrato con el director de la banda de música con un apretón de manos y un "hasta el año que viene".
La gran Semana Santa donde Jesús ha tenido la enorme fortuna de contar con un gran cofrade como padre, referente y maestro.
Hoy es un día de celebración en que ambos podemos presumir de lo mismo.
A Jesús le cuesta mucho hablar en público. Sólo lo hace en ocasiones muy especiales. Por eso valoro que hoy hayas dado el paso.
Yo podría seguir hablando mucho de lo que cuentan sus silencios, que dicen más que mil golpes en el pecho, pero no me quiero extender.
Solo quiero darle las gracias por estar hoy aquí acompañándome.
Esas son las grandes virtudes de un amigo.
Estar a las duras y a las maduras.
Y hoy es una oportunidad para disfrutar de las maduras, si es que así es el dicho.
Esa persona callada y tímida a la que tanto trabajo le ha costado hoy hablar en público para todos ustedes es mi amigo Jesús.
Gracias, amigo.

En segundo lugar, me gustaría mostrar mi agradecimiento una vez más a la Hermandad de San Rodrigo Mártir Costaleros de la Virgen de la Sierra por haber depositado su confianza en mí para este noble acto que es pregonar la festividad y la figura de nuestro patrón.
Supone para mí un privilegio, un honor, una responsabilidad, un emocionante reto, un puñado importante de miedo y por supuesto un enorme sentido de gratitud por el homenaje que supone a la figura de mi padre, de quien he aprendido todo lo que me ha traído hoy aquí.
Aunque suene a un manido tópico, me pensé mucho aceptar el ofrecimiento porque, y siempre lo he dicho, este pregón me produce muchísimo respeto.
Me va a costar mucho hacerlo sin romperme en el minuto uno. Lo sé desde el primer instante en que acepté.
Aunque ver vuestras caras, notar vuestra ilusión, sentir vuestro cariño, recompensa con creces cualquier duda que me haya podido surgir.

GRACIAS, con mayúsculas a una hermandad, mi hermandad, que en todo momento ha mostrado un cariño exquisito por mi familia y ahora, por mi persona.
No podía, ni a pesar de las dudas, quería, rechazar el ofrecimiento.
RODRIGO, SACERDOTE Y MARTIR

«Nunca me he separado de Cristo y nunca he profesado la religión musulmana»
«Más aún, soy cristiano y además sacerdote»
«Puedes escapar a la muerte si vuelves a tus anteriores votos y si declaras que Cristo no es Dios»
«Puedes proponer todas esas cosas a los que tienen tu misma religión. En cuanto a mí, morir es una ganancia»
«Solo Cristo tiene palabras de vida eterna»

Y así, con esas palabras, Rodrigo se ganó su martirio.
Y con él, la vida eterna.

Las aguas del Gran Betis bajaban revueltas. Las trifulcas y envidias entre dos hermanos habían teñido de sangre el rio.
Corría el año 857, un 13 de marzo. Moría el sacerdote, y nacía el mártir.

El emirato de Córdoba vivía bajo el reinado de Mohamed I, hijo de Abderramán II.
El drama había llegado a muchos hogares en los que unos eran cristianos y otros, musulmanes.

San Eulogio, obispo de esta ciudad, da cuenta del martirio sufrido por Rodrigo, juntamente con San Salomón.
Rodrigo pertenecía a una familia que vivía en su interior la tragedia de la división religiosa que el islam había introducido en la Córdoba hispanovisigoda.
Después de la conquista, fueron muchos los que renunciaron a su fe cristiana para adaptarse mejor a la nueva situación.
Natural de Egabro, cursó en esta ciudad los estudios eclesiásticos y se ordenó sacerdote.
Uno de sus hermanos, fanático de Mahoma, arremetió un día contra él y lo dejó malherido; y habiéndolo instalado en una camilla, lo paseó por la ciudad, explicando que de esta manera quería demostrar su fe musulmana.
Pero habiéndose rehecho Rodrigo de sus heridas, logró escapar.
Más allá de una fanfarronada, ese hecho tenía para Rodrigo una consecuencia social muy grave, no tanto para su posición dentro de la Iglesia ?ningún cristiano iba a creerse algo así?, sino dentro de la comunidad musulmana. En efecto, debido a la proclamación pública de su hermano, la vida de Rodrigo estaba amenazada: si retomaba su ministerio sacerdotal sería considerado un apóstata, algo castigado con la muerte.
Eran los días en que más arreciaba la persecución contra los cristianos.
Su presencia era tolerada, pero la práctica de su fe se veía muy dificultada.
En medio de esta situación, Rodrigo decidió esconderse en la sierra de Córdoba, donde pasó oculto cinco años.
Solo bajaba a la ciudad cuando arreciaba la necesidad. Así, un día que fue al mercado a comprar algunas cosas fue reconocido. Recibió tal tropel de insultos que atrajo la curiosidad de muchos, entre ellos su hermano, el que había declarado su conversión al islam. Fue este el que le llevó al juez para denunciarle.
Su hermano, despechado, lo acusó ante el cadí de prevaricador y apóstata. Conducido a prisión, allí conoció a otro mozárabe, Salomón, acusado como él de haber renegado de Mahoma.
Antes de la ejecución, tanto Salomón como Rodrigo se echaron a los pies de sus compañeros de celda y pidieron sus oraciones para tener fortaleza.
En el patíbulo, el juez hizo un último intento, pero Rodrigo contestó:
«¿Cómo quieres que abandonemos nuestra religión y nos apartemos de nuestro camino, vosotros que estáis en tamaño error?».
Ese desafío fue suficiente para que el juez dictara la sentencia definitiva. La cabeza de Rodrigo rodó por el suelo mientras que la de Salomón quedó colgando del tronco.
Sus cuerpos fueron expuestos boca abajo ante el populacho como escarmiento público.
Y después, atados a pesadas piedras, fueron arrojados al río.
Días más tarde, un musulmán piadoso descubrió sus restos a orillas del Guadalquivir y dio aviso a un sacerdote que conocía. La pequeña comunidad cristiana recuperó el cadáver y Rodrigo pudo ser enterrado solemnemente, durante una procesión nocturna, precedida por el obispo Saúl.
Desde entonces, fue venerado como la Iglesia hace siempre con las reliquias de sus mártires.


La Iglesia celebra la festividad de San Rodrigo desde 1581, con otros mártires cordobeses.
Nos contaba Antonio Moreno Hurtado, que la primera referencia concreta a San Rodrigo en documentos egabrenses la encontramos dentro ya del siglo XVI.
A finales del mismo, existía en Cabra un hospital dedicado al mártir.
Ocupaba lo que hoy es esta misma iglesia de San Juan de Dios y casi todo el edificio contiguo del actual Círculo de la Amistad.
La obra principal se inició hacia 1590, aunque existen documentos de obras previas de adaptación desde el año 1586
Es entonces cuando el Consejo, Justicia y Regimiento de la villa de Cabra decide encargar una imagen del mártir y labrarle una capilla aquí mismo, para que en ella recibiera culto como titular del hospital.

Esta imagen es una bella muestra de la escultura manierista andaluza, atribuible a Juan de Mesa el Mozo, autor de la Virgen de la Asunción de la capilla del Socorro de la iglesia de Santo Domingo.
La iglesia del Hospital, este suelo que hoy pisamos, se conoció durante muchos años como iglesia de San Rodrigo.

La devoción al Santo Patrón alcanzó su máximo esplendor a mediados del siglo XVII, coincidiendo precisamente con un enfriamiento del fervor popular hacia la Virgen de la Sierra.
El reconocimiento oficial como patrono de Cabra se produce el día 12 de marzo de 1654, según consta en el acta capitular del Concejo egabrense.
A partir de ese momento, el Concejo de la villa de Cabra se haría cargo de la fiesta anual.

Los actos de la fiesta de San Rodrigo se limitaban a una misa con predicador, asistencia de la Capilla de Música de la iglesia mayor y el disparo de unas docenas de cohetes, según consta en las actas capitulares de aquellos años.

La exclaustración de los conventos locales condujo al abandono de los mismos y de sus iglesias. La del convento de San Juan de Dios se clausuró en septiembre de 1835 y estuvo sin culto durante muchos años, siendo restaurada hacia el año 1872.

Esta situación condujo también al olvido del compromiso municipal de atender la fiesta de su patrono, con lo que su figura empezó a declinar en el sentimiento de los egabrenses.

Un olvido oficial y popular que se ha enmendado en nuestros tiempos, gracias al esfuerzo de la Hermandad de San Rodrigo, que cumple ahora 50 años de existencia.
Cabe destacar, que vecinos de Cabra a principios del siglo XX decidieron en 1919 celebrar por primera vez una función religiosa en honor de San Rodrigo aquí mismo, en la iglesia de San Juan de Dios. Jóvenes que en el año 1922 se propusieron sacar a nuestro Patrón del olvido reuniéndose con la idea de organizar una cofradía para darle culto, así como para procesionarlo el día 8 de septiembre en unión a nuestra Patrona María Santísima de la Sierra, consiguiéndolo, según testimonio recogido en la prensa local de entonces, en los años 1925, 1939 y 1940.
Volviendo a la actualidad, cuando el mártir Rodrigo cruce el cancel de la Parroquia, palma en mano y a hombros de sus fieles costaleros, 50 años se habrán cumplido de la fundación de su hermandad.

En el año 1973 nuestra Hermandad, se fundó con el nombre de "Sección de andas de la Virgen de la Sierra". Pasando a denominarse, posteriormente, Hermandad de San Rodrigo Mártir - Costaleros de la Virgen de la Sierra, nombre con el que se la conoce hoy en día.

La palma
Rodrigo
Palma y sustento
Apoyo
Vida y Martirio
Esperanza y Riqueza
Recompensa en el paraíso
Patrón hecho eterno por tu sacrificio.

Nuestro Patrón San Rodrigo es representado portando una palma como símbolo de su martirio,
Sus costaleros y devotos también la portan.
En la iconografía cristiana, la palma del martirio, es un atributo adoptado en las representaciones de los primeros santos de la Iglesia y mártires.
Esta representación tiene un probable origen oriental, sitio donde se daba una gran importancia a las palmeras al vincularlas con los oasis y a la vida.
También se pensaba que en el momento en que la palmera generaba sus frutos esta moría, de ahí que se significara como un sacrificio.
En Roma, ya existía la representación de la palma en la imagen de la Victoria.

El significado que se le dio en la época pre-cristiana, es decir cuando era una religión perseguida por el Imperio romano, fue considerarla como un símbolo de victoria del espíritu sobre lo terrenal y la carne, así como un símbolo del renacimiento y de la inmortalidad.

Los llamados mártires, eran condenados a morir al profesar la fe cristiana, por lo que sacrificaban su vida terrenal y salían vencedores contra los enemigos de la cristiandad.
El simbolismo cristiano, está vinculado al Libro de los Salmos, donde se dice que al igual que florecerá la palmera así hará el justo.

Y, así los mártires obtienen su recompensa en el paraíso.

San Rodrigo. Rico en gloria
Rodrigo es una voz germánica a la que se dan dos posibles etimologías y significados.
Una versión es, "rico en gloria", "muy glorioso" o "príncipe famoso".
La segunda versión es "victoria poderosa".
La victoria de la constancia, que de eso sabe y no poco la Hermandad.

Rico en gloria.
La gloria que te da la alegría del compañerismo.
De la solidaridad.
Del hermanamiento.
De la humildad.
Del esfuerzo.
Del tesón.
El mártir Rodrigo ya vaticinaba que todo eso ocurriría en el grupo de hombres y mujeres que se reunieron a su alrededor.
Y si yo he de ser rico en gloria que sea en una subida con la Virgen, en el paso a nivel, en el peñón de la beata, rezándole a Tomás, abrazándome a mis hermanos en la ermita cuando hemos llegado y ya sólo me queda más vergüenza que fuerzas.
Ese será mi paraíso, porque rico en gloria soy, aquí en la Tierra, bajo esas andas, pegado a mi varal y mi almohadilla.
Con ellos, con mi hermandad. Con los costaleros de la Virgen de la Sierra.

En la debilidad del mártir se manifiesta la fuerza creadora del amor de Dios.
En la segunda carta a los Corintios, se nos dice:
«Derribados pero nunca vencidos» (II Cor 4, 9).
«Cuando soy débil entonces es cuando soy más fuerte» (II Cor 12, 10).
Cuánta razón encierran estas palabras.
De debilidad, de fuerza y de resistir, saben mucho quienes nos convocan esta noche.
La Hermandad de San Rodrigo Mártir ? Costaleros de la Virgen de la Sierra.
El grupo de los costaleros es un amalgama heterogéneo de hombres y mujeres con un único fin. Servir.
Hace 50 años, un grupo de fervorosos costaleros se reunieron para organizarse como una entidad propia, y trabajar como un colectivo independiente.
Nacía la Sección de andas de los costaleros de la Virgen de la Sierra.
Su origen es tan especial como cualquier movimiento alrededor de la Virgen de la Sierra.
Como especiales son ellos por su sencillez, humildad y trabajo.
Personas que han reflejado su ilusión y ganas en sus caras desde el mismo momento en que me ofrecieron pregonar a nuestro Patrón.
Y como no podía ser de otra manera aquí tenía que estar yo hoy dando la mejor versión de mí mismo.
Una hermandad que trabaja para todo el mundo, que siempre está cuando se le necesita, merecía que yo asumiera este reto con la máxima ilusión y responsabilidad.
Nuestros patronos, estoy seguro, han puesto al frente a personas que han sabido recoger perfectamente el relevo que supuso la creación de la hermandad de andas, dar ese relevo generacional, y mantener la unión en el seno de la cofradía y con su homónima, la Archicofradía de la Virgen de la Sierra.
Hay un mantra que se repite en su trabajo "La unión hace la fuerza".
Los costaleros de la Virgen de la Sierra son gente sencilla y con un profundo amor a sus patronos.
Con amor, con devoción, con trabajo, con humildad, con compañerismo, con ilusión, con entrega, con generosidad desmedida... con los mismos valores que allá por los 70 se creó la sección en los míticos baños de San Juan por un grupo de costaleros románticos que no tenían más conocimiento que el de organizarse para hacerse respetar en unos años muy difíciles.
Años en los que por increíble que parezca no todo eran calurosas bienvenidas.
Tantos y tantos hombres buenos se unieron alrededor de la Virgen, como único faro y guía para hacer que su manera de quererla creciera y se organizara.
Con más devoción que conocimiento y con más humildad que orgullo.
Aquí se me agolpan en la memoria los nombres de tantos hombres buenos, y qué poquitos quedan ya. Muchos ya guían las andas de su virgen a la eternidad.
Ellos fueron los mismos que, también, tanto tuvieron que ver en acercar la magia de Oriente a los hogares de Cabra en la noche de la ilusión.
Su forma no era otra que estar siempre a la disposición de Ella con humildad.
Con la misma humildad que todo esto nació, entre cañaverales, y "picaillos" regados con el generoso caldo del Rubio Montilla.
Esta hermandad son los costaleros de la Virgen de la Sierra y de nuestro patrón, San Rodrigo Mártir.
Los que, abriéndole la puerta a todo el mundo, tienen el privilegio de ser sus hombros, que es mucho más que portar a una imagen sagrada.
Por eso son costaleros y no portadores. Porque ser costalero es mucho más.
Son costaleros y no unos costaleros cualesquiera.
Hombres y mujeres que cargan con el peso de la historia y a los que sólo les guía el amor por su Patronos
Ellos son los costaleros.

Sevillanas Hermanos Egea (2014)
La grandeza del que a ti te lleva
y que al hijo transmite su fe
es la herencia de nuestros mayores
costalero que no has de perder

Costalero que no has de perder
porque tuyo es el privilegio
para ti tan sagrado deber
en tus hombros bajarla del cielo
y a porfía subirla después
Estribillo
Y tú que tendrás
que por verte de muy lejos vienen
a tu vera y en cada bajá
Madre Santa mía de la Sierra
que tendrás madre tú que tendrás

Ser costalero es ante todo FAMILIA.
Un 13 de marzo de 2015, de manera pausada, como todo lo que hace, tranquilo, subió estos dos escalones, abrió su carpetita, miró tranquilo y satisfecho a su mujer, y pronunció un pregón a su patrón una buena persona.
Un buen costalero. Un maestro.
Mi maestro, al menos.
Un 13 de marzo de 2015, de manera pausada, como todo lo que hace, tranquilo, subió estos dos escalones, abrió su carpetita, miró tranquilo y satisfecho a su mujer, y pronunció un pregón a su patrón, mi padre.
El costalero José Luis.
Un viejo costalero querido y respetado que ha dejado plantada una buena semilla.
A la vista está.
José Luis lo hace todo muy fácil.
Sólo hay que sentarse a su lado y escuchar.
Su frente arrugada de recuerdos se encoge en un ejercicio de imborrable memoria y de nostalgia y comienza una narración ensoñada que bien podría dar lugar a una colección de leyendas, tradiciones, personajes y evolución del folclore de Cabra.
Y yo soy su humilde aprendiz. El chiquillo de Lopera, como decimos en Cabra. El chico, además.
El chico...
Y cómo pesa ese apellido cuando te arrimas a la Virgen.
El torpe aprendiz que, en el nombre del padre, 9 años y 6 días después ha asumido el reto de subir a este atril.

El aprendiz que por supuesto nunca llegará a las suelas del zapato del maestro.
El torpe aprendiz que, siendo un chiquillo, en el nombre del padre enseñaron a rezar.
Que, siendo un chiquillo, en el nombre del padre se acercó por vez primera a la Virgen chiquita a sentirse costalero.
El que, en el nombre del padre, hizo cuadrilla de un grupo de costalerillos que nos hicimos amigos porque amigos y compañeros de fatigas ya eran nuestros padres.
Costaleros que honramos el oficio heredado y el legado transmitido con el homenaje más grande que se les pueda hacer, que no es otro que se sigan escuchando aquellos mismos apellidos en cualquier subida de la Virgen.
Que en cualquier revuelta me parezca ver cómo emerge la imponente figura de Agustín Bolpillar con su aguileña nariz o escuchar las bromas de alguien tan único como Juani Pérez.
Que cuando los rayos del sol me deslumbren entre las enjutas andas, me parezca ver al bueno de Cabanillas y la grande sonrisa amable de Antonio Calvo.
Que me imagine saborear el arroz que con tanto esmero han preparado Domingo Villatoro y Casitas.
Por vosotros y por tantos, aquí seguimos.
Y también por los que nos enseñasteis el camino.
Por vosotros, a quien las fuerzas ya mermaron.
Por quien no puede tener el orgullo de meter su hombro bajo la almohadilla verde.
Por ti, costalero, que ya no disfrutas del olor de la jara y el tomillo en la mañana cuando llega octubre.
Que ya no miras con recelo tu peñón de la beata. Ese eterno desafío donde tantas y tantas veces has hecho que los límites de lo imposible se vuelvan posibles.
Posibles, reales y humanos como son los rezos, los anhelos, las promesas, los llantos y los abrazos que se viven en esa bendita subida.
Por ti, aquí seguimos, costalero, a quien la memoria engaña de manera cruel.
Aunque siempre me cuentes las mismas historias del santuario, de los santeros, de la Santa Bárbara, de las Andas de viaje, de la restauración..., la del manto rojo de Julián, las del baño de San Juan, la de tu amigo Tomás y hasta la de Monseñor Cirarda... una y otra vez,
por ti, costalero José Luis,
siempre dispuesto a escucharte estaré.

Ser costalero de la Virgen de la Sierra es SUPERACIÓN.
Como todas y cada una de las veces que esta hermandad se ha superado, renacido y reinventado, con el único objetivo de que nunca faltara un hombro para nuestra Patrona en sus traslados.
Y no han sido pocos los obstáculos. Pero todos se han superado con nobleza y ofreciendo la otra mejilla.
Como se supera el primer repecho de Góngora, como se supera el peñón de la beata. Con tesón, con compañerismo y con humildad.
Y pasando la página como se pasan las curvas del camino hacia el lugar más bonito del mundo.
Hablando de superación, en Cabra tenemos el ejemplo más especial.
En los difíciles años 80, Cabra y su conjunto asumió un pionero reto que pronto pasó de desafío a cotidianeidad. Grupos de egabrenses de adopción poblaban las calles de Cabra como ciudadanos de pleno derecho.
Acogidos e integrados.
Y cómo no, ¿dónde encontraron un sitio?
En los varales de las andas de María Santísima de la Sierra y nuestro Patrón San Rodrigo.
Aquellos viejos pescaban en todos lados.
Costaleros y costaleras cuya dirección desde hace años es Avda. Fuente las Piedras s/n. y que se han hecho unos egabrenses más, arrimados a esos varales.
Todos ellos iguales de grandes, pero por tamaño y por salero, el más grande, Juanito, el tío más chulo que ha habido en Promi.
Costalero enorme a quién su mirada se le acristalaba cuando miraba a la Virgen.
Cuando se ponía su jersey azul marino de cuello de pico y su camisa blanca, se vestía con su mejor sonrisa e iba en busca de coger a su Virgen.
Y cuando iba llegando marzo, te veía por la calle,
tocándose así el hombro con su mano y decía:
"el macho", "el macho" ... "ya mismo estamos sacando el macho".
El macho, que para su inocente corazón era el patrón del pueblo que lo acogió y lo hizo un egabrense más.
Lo suyo. Qué calidad.
Ese vínculo tan antiguo, tan sano y de una colaboración tan bonita entre los costaleros y Promi que hace que aún hoy en día hombres y mujeres luzcan sus mejores galas con orgullo costalero los días que pasean a su Patrona y a su querido patrón.

Sevillanas Hermanos Egea (2016)

1ª No hay corazón como el suyo
Ni hombre que más te quiera
Ni hombre que más te quiera
Ni hombre que más te quiera
el que lleva por dentro
y tras un año de espera
te baja en hombros del cielo
cuando septiembre clarea
ESTRIBILLO
El que siempre va a tu vera
ese que nunca se rinde
ese que nunca se queja
Tuyo es el privilegio
Costalero de la virgen
de la Virgen de la Sierra
2ª Costalero que de madre
naciste con devoción
naciste con devoción
naciste con devoción
entre nanas y leyendas
tantas noches te acunó
y cuando fuiste más hombre
tu padre un sueño cumplió

3ª Cuando las fuerzas te fallen
y ya no tengas aliento
y ya no tengas aliento
y ya no tengas aliento
siempre a tu lado estará
quien no te falla un momento
tu hermano y esa mirá
y quien te ve desde el cielo
4ª Valientes los que te bajan
Mejores los que te suben
mejores los que te suben
Mejores los que te suben
hasta tu gloria en el cielo
por encima de las nubes
andas, sudor y cordel
en el adiós que da octubre
La subida
En la mente y en el corazón de un costalero siempre está la Ermita. Se encuentre donde se encuentre.
En cualquier confín del mundo la esperanza que habita en el corazón de cada egabrense se multiplica cuando lanza su mirada a la Casita Blanca como la hacían sus padres y los padres de sus padres, para dirigir sus oraciones los 365 sueños que tiene un año.
La mejor metáfora de la vida misma es la subida de la Virgen de la Sierra.
Esa subida que me da la vida y por momentos parece que me la va a quitar. Ese domingo de octubre que anhelo.
Ese es el momento culmen de un costalero.
Su romería.
Cuando se acelera el pulso de su corazón.
La gran metáfora de esta vida que hace que para un costalero el paso a nivel de la antigua vía de aquel tren que llevaba el aceite de nuestros olivares sea el paso de un niño a un hombre, bien sea el día 4 de septiembre, o en la mayoría de las veces el primer domingo de un mes más tarde.
La luna de octubre empieza a crecer, un mes de tu llegada ha pasado. Es condición sine qua non.
Un mes ha pasado.
De la algarabía festiva de tu llegada, un mes ha pasado.
Un mes de rezos, de visitas. De idas y venidas a la parroquia.
De velas encendidas y de peticiones.
Salud.
Salud, Madre para todas las personas a las que quiero. Que el año que viene pueda volver a pedirte por todas ellas.
El trasiego de pasos acelerados a la parroquia llega a su fin. Los ritmos de Cabra empiezan a cambiar.
El corazón se va haciendo a la idea de tu partida, aún a sabiendas que te echará de menos.
Tu pueblo se prepara para recuperar tradiciones de antaño. El madrugón, el café a la carrera, los nervios, la primera chaquetita de entretiempo. El paraguas, por si acaso.
La misa es tempranera. Tu bandera abriga las peticiones de tus hijos y tu tambor anuncia tu marcha en el día que más triste suena.
Estás nervioso costalero.
Duermes poco.
Madrugas mucho.
Llegas a la Plaza vieja y todo es un ritual.
- "Rafa, un cortao pae que hay que irse"
Amancio, nervioso como siempre, mete bulla,
"Señores, ligerito que en cuanto pase la Virgen cerramos"
Que es pasar el último músico y cierra el Tobalo. Qué cosa más grande.
Mama Sierrita está deseando divisar a lo lejos su casita blanca, pero se hace la remolona.
Camina lento porque sabe que su pueblo quiere despedirla en condiciones.
Entre empujones y apreturas el pueblo se hace un racimo alrededor para acompañarla hasta la antigua vía del tren.

La marcha avanza lentamente porque no se quiere terminar de despedir.
Hay una parada en el asilo.
Las miradas más longevas te despiden con emoción. Ellos, que cuentan sus eneros por septiembres.
Hasta el año que viene Madre. Y que así sea.
Las crónicas escritas en páginas que hoy amarillean en estanterías y desvanes, nos contaban como era en la fábrica de ladrillos de don Andrés Piedra donde se te recibía y se te despedía, y desde ahí, hasta el paso a nivel, no había nada.
La comitiva te acompaña hasta la barriada acuñada con el más hermoso nombre, que es el tuyo.
Y allí la Salve. Melodiosa melodía que te mece en el vaivén del tiempo.
Los ojos se vuelven vidriosos.
Miradas de veteranos que desprenden un cariño especial. Cabelleras blancas de muchas subidas y bajadas que piden clemencia a las agujas del reloj del tiempo.
Se acelera el pulso. "Todos juntos arriba" se repite antes de empezar la marcha.
¡Todos juntos!
Y al que flaquea se le espera.
Eso es la subida. La vida misma.

Se vuelven a ver caras conocidas y se aviva la marcha.
Ya es de día. Entran las prisas. Se organizan los relevos.
Ya se pisa el paso a nivel.
Una mirada al hospital. Allí también estás Tú Madre.
Allí están los rezos, las velas encendidas y las peticiones.
Allí estás Tú con tu manto protector.
Más que en ningún otro sitio.
Allí, Tú por siempre con quién más te necesita.
Y ya no hay marcha atrás. Un padre nuestro, el pellizco en el estómago y vámonos.
Todo está dispuesto. Vuelves a tu casa.
Los cordeles tienen su lugar. Los primeros marcan el ritmo como en su día hacia Agustín.
Los cordeles. Fuerza motriz fundamental sin la cual sería humanamente imposible llegar a la bendita cima.
Y todo el mundo sabe cuál es su sitio, aunque sea nuevo.
Uno pide la vez y se apaña con sus compañeros de almohadilla. Un aparente caos organizado.
Sin saber ni siquiera muchos de los nombres de tus compañeros de viaje porque muchos nos vemos de año en año.
La esencia mítica del caos controlado.
Te sales del relevo y ya tienes bicheao cuando te toca meterte otra vez.
¿Y cuánto dura un relevo? Un padre nuestro y un Ave María.
Y ver subiendo a Campaña, con sus apenas, setenta y tres castañas.
Eso es la subida.
Lo que ocurre alrededor de la virgen y sus costaleros es único, porque no necesita otra cosa.
Allí es donde se siguen viendo las botas del campo de toda la vida, y la ropa del servicio militar.
El primer repecho te termina de espabilar. El pecho se te va a salir.
Góngora, necesaria parada para bajar las revoluciones. Un mollete con aceite y una manzana, como hace un siglo.
En la casilla de La Salve, tus costaleras otra vez te vuelven a coger. Más poquitas ahora.
Más afortunadas.
Los colchones, descanso y respiro.
Serpentea el camino que se pierde entre quejigos y encinas y en ocasiones, zahínas vacas bravas que no se asustan de nuestro tropel.
Pasamos por tu peñón José Luis, tu peñón de la beata. Otrora martirio imposible que hoy se hace más amable. Dentro de todo lo amable que pueden ofrecer esas benditas cuestas.
Ya estamos en La Viñuela. Es un querer y no poder.
Ese momento en que no te quedan muchas fuerzas, pero sin embargo no quieres terminar.
Pisas la carretera, las gargantas se vuelven a activar.
Hasta entonces el costalero ha intentado animar a los demás con alguna pamplina desenfadada para aliviar el esfuerzo, pero no se ha atrevido a cantar.
Espera hasta pisar la carretera. Ya se ve tu casa.
Dejamos Juan de Escama a un lado donde antaño te traían los devotos de Zuheros y ya se encara tu ermita.
Pero antes nos espera Tomás.
Nudo en la garganta. Relevo recogido por el alumno aventajado. El señor Pepe Morales. Un señor desde la cabeza hasta los pies. Un miembro más de mi familia.
Una oración con Tomás y para Tomás.
Y para tantos costaleros y buenas personas que un día cruzaron el umbral del infinito, que hicieron su última subida para estar siempre a tu lado.
Para llevarte ya por siempre y rezarte y cantarte como tantos años hicieron.
La llegada es una mar de abrazos. Objetivo cumplido.
Y esa convivencia de después... tan ligerita...
Ese generoso agasajo gracias al esfuerzo de muchas personas que suman años, devoción y paciencia, y que lo único que han hecho toda su vida ha sido estar alrededor de su Patrona.
Eso es la subida.
En esa almohadilla verde se aprende el oficio de costalero.
Eso es lo que hace que la Subida de la Virgen siga siendo algo único.
Algo que, siendo todos los años igual, cada año es diferente.
Es el romanticismo de lo antiguo.
Has cumplido tu trabajo costalero.
Has llevado a tu Madre bendita a su casita blanca en la Sierra donde espera las visitas, rezos y oraciones de nosotros sus hijos.
Has cumplido tu tradición un año más. Un par de nardos en la mano y tu cabellera llena de polvo es el premio que te traes de vuelta.
Vuelves exhausto pero pleno.
Y qué vacío se queda tu pueblo. Con el ritmo tontorrón del madrugón, el eterno debate de poner ya las enagüillas o no y la ausencia de quehaceres en la tarde noche.
Un apagón emocional.
Ahora comienza un nuevo ciclo. Se trata de un punto de partida imaginario que aguarda hasta la próxima vez que vuelvas a cargarla sobre tus hombros.
Abrazos, recuerdos y satisfacción, mucha satisfacción, porque en esas cuestas, una vez más, has encontrado las respuestas a las preguntas que durante un largo año te has hecho.
En esas cuestas te has vaciado para encontrar la paz.

Eso es la subida.

La subida de la Virgen conserva al sabor añejo de hacer las cosas. Es Cabra en esencia y tradición.
Esa es la enciclopedia de Cabra, de la A a la Z, con sus sucesivos apéndices.
Ahí está el gen egabrense, ese que se transmite generacionalmente, porque dichoso el que a los suyos se parece.
Es la pequeña gran historia de cada egabrense. La historia que acuña e inocula el gen mariano hasta el tuétano en el sentir de un pueblo.
Lo que cada uno hace suyo, y a su manera. Aquello que siendo todos los años igual, nunca es lo mismo.
Porque es nuestra. Porque nos la han transmitido.
El pueblo es su guardián. Es una tradición que sobrevive impertérrita al tiempo.
Atemporal y actualizada.
Difícil binomio que solo ocurre en las cosas verdaderamente importantes.
Ese discreto y encantador caos romántico, esa explosión de sensaciones encerradas en apenas un par de horas, ese domingo que esperas ansioso año tras año.
Tocar el cielo con las manos.
Eso, amigos míos, ESO ES LA SUBIDA.

Mártir Rodrigo, rico en gloria.
Que la palma de tu martirio ascienda al cielo, y dé sus frutos,
que entregue los dátiles que son el fruto de la semilla plantada y que tan viva sigue.
Semilla representada cada 13 de marzo en tus costalerillos.
Que la bendita semilla simbolice la victoria y la generación de nuevos costaleros.
Costaleros que aprendan a rezar en el nombre del padre, como en el nombre del padre nosotros lo hicimos.
Pequeños costaleros con un corazón grande que se miran en el espejo de los mayores queriendo emular a sus referentes pensando, algún día, cruzar el oasis serrano que conduce a la Sierra.
"Costalerillo", has emprendido un viaje que te llevará a ser algún día un costalero. Cuando tú quieras, o, mejor dicho, cuando Ella te llame.
Para seguir creciendo a su lado.
Siempre aprendiendo de los mayores.
En el nombre del padre.
Siempre en el nombre del padre.
Y que tu divino sacrificio, Rodrigo, nos premie con la victoria, el oasis, y la vida plena.
Para seguir creciendo.
Para seguir aprendiendo.
Para seguir afrontando dificultades siempre juntos.
Para seguir acumulando experiencias que contemos cuando seamos viejos.
Para dar gracias cada día por tener los maestros que tenemos.

Porque eterno es aquello que no tiene ni principio ni fin
Llamadme viejo. Si. Llamadme viejo, que además ya empiezo a serlo.
Cuando la frente se me arrugue y se despeje, llamadme viejo.
Cuando las canas cubran mi sien, llamadme viejo.
Cuando los consejos y los recuerdos sean las palabras que se atropellan en mi boca, llamadme viejo.
Cuando la cara se me llene de satisfacción recordando mis subidas, por favor llamadme viejo.
Llamadme viejo con cariño y escuchad lo que tenga que contar.
Yo quiero ser uno de esos viejos.
Quiero ser un viejo como los viejos que he conocido en esta casa.
Como viejos han sido mis maestros, los maestros que mejor enseñan.
Como viejos son los costaleros de la Virgen de la Sierra que crearon esto tan bonito que hoy en día conservamos.
Yo quiero ser un viejo capaz de mantener y transmitir esta bonita manera de querer a mi Virgen y a mi Patrón.
Llamadme viejo. Hacedme el favor.
Llamadme viejo, y ojalá algún día merezca formar parte de ese selecto grupo.
Yo quiero ser un viejo como aquellos que nos transmitieron este bonito legado.
Como aquellos que tanto nos han enseñado.

Porque costaleros fueron nuestros maestros.
Ellos. Los costaleros.
Los de nuestro Santo Patrón y los de nuestra Madre Bendita de la Sierra.
Los que nos enseñaron a arrimar nuestro hombro cuando ellos hacía años que arrimaban el suyo.
Los que trabajan con generosidad y esfuerzo sin medida cada vez que a su puerta se les llama.
Los que no son portadores, porque son COSTALEROS. Costaleros y con mayúsculas.
Que cuando unos le dicen guapa, y otros le dicen bonita, nosotros los costaleros, decimos,
¡Viva la Mama Sierrita!
Ellos son los que cargan con el peso de la historia más única y auténtica que tiene cada pueblo.
Los que custodian la labor más hermosa.
Los que me cuidan y me quieren.
Los que me ayudan cuando las fuerzas me fallan.
Los que me han dado hoy este regalo de hablarles desde esta bendita losa que piso.
Los que nos enseñaron a rezar cuando éramos chicos.
Los que nos hicieron hombres en el nombre del padre.
Los que me hicieron un costalero en el nombre del costalero José Luis.
Ellos son los COSTALEROS.
Y esto es lo que se despacha aquí.
He dicho.

¡Viva María Santísima de la Sierra Coronada!
¡Viva San Rodrigo Mártir, Patrón de Cabra!

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